A veces quiero ser mar

A veces quiero ser mar para ser libre.

A veces quiero ser mar para que mi altura varíe dependiendo de como tenga el día la luna. Porque hay días que me quiere muy cerca y otros tan lejos, pero ella sabrá. Hace tiempo le prometí no pedirle explicaciones, por eso de no hacer preguntas cuya respuesta no estás preparado para escuchar.

A veces quiero ser mar en calma y otras veces tan salvaje que asuste. A veces abrazarte, achucharte, besarte y otras gritarte. Pelear contigo, decirte esas cosas que llevo muy adentro pero que alguien me enseñó a no compartir. Porque se supone que está mal soltar tus sentimientos y pensamientos tan en crudo. Por lo visto hay que echarlos un poco de sal y algo de condimento para que parezca que son agradables, para no herir a nadie. Ya sabes, como cuando eras pequeño y tu madre te dejaba echar ketchup en el pescado para que así te lo comieras. Porque, actualmente, se supone que hay que pensar en los sentimientos de los demás antes que en los nuestros, que por no herirlos a ellos, tienes que herirte a ti y aguantar, como un campeón, hasta que explotes.

A veces quiero ser mar para que habiten en mi peces, corales y tiburones. Y ver como se pelean por sobrevivir, verlos a todos luchar por seguir respirando, por seguir habitándome y así sentir que soy el sustento de vida para alguien. Sí, soy muy egocéntrica. ¿Qué quieres que haga?

A veces quiero ser mar y que mis olas lleguen a morir suavemente sobre la arena o bruscamente contra un acantilado. Quiero ver como partes de mi empapan los pies de las personas que caminen a cualquier hora sobre mi final, quiero sentir como hunden sus pies los humanos para levantarlos otra vez. Pero también quiero romper contra los acantilados y volar, volar muy alto para volver a caer sobre mi. Para sentir vértigo, vida y miedo. Para sentir que puedo perderlo todo y luego aferrarme a ello con más fuerza que nunca.

A veces quiero ser mar para ser libre. Para que sean ellos quienes busquen entenderme a mi, para dejar de comerme yo la cabeza, porque ya estoy un poco harta de intentar entender cosas incomprensibles. A veces quiero ser mar para que entiendan que hay cosas que son porque sí, que no hay lógica, no existe razón detrás de ellas, que lo hice porque lo sentía, porque quise. Y punto.

A veces me siento como si realmente fuera mar, a veces me siento libre, incomprendida y hermosa. A veces me siento querida a pesar de no tener sentido, de mi carácter indomable, de mis días de tormenta, de mi necesidad de gritar. A veces me miro y veo en mis ojos azules un poco de cada una de esas cosas. Y entonces medio sonrío y pienso que, sin ninguna duda, acabaré viviendo cerca del mar para respirarme muy honda y profundamente.

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