Absoluta indiferencia

El punto más neutro de tu vida.

¿Sabéis ese momento en el que te gustaría desaparecer? Pues así quiero estar yo, inexistente. El punto más neutro de tu vida, en el que te da absolutamente igual todo. En el que miles de problemas invaden tu cerebro, el pobre se queda sin espacio y está a punto de estallar. Gran sentimiento, ¿verdad?

La cruda realidad es que no se puede huir así como así, es prácticamente imposible. Las responsabilidades siguen allí quieras o no, invaden tu vida, y las decisiones tienen que ser tomadas ipso facto para que tu cabeza deje de ser una bomba de relojería.

Que fácil sería coger el coche e irse lejos, más allá de donde quiera que estés y evadirte. Bienvenida la absoluta paz y tranquilidad y adiós a las preocupaciones; hola libertad. No es nada malo, algo egoísta sí, pero es de lo más comprensible del mundo querer un poco de espacio, de intimidad, de encontrarte contigo mismo.

Pero no es lo mismo querer estar solo a quedarse solo. Es bien distinto. Con lo genial que es criticar, marujear y desfogarte libremente con alguien, porque sé que todo el mundo tiene su punto retorcido y mezquino. Despéjate pero no te aísles, evitarás daños tanto externos como internos.

Todos tenemos esos días en los que queremos tirarnos desde lo alto de un precipicio. Días malos, días de rareza humana porque sí, días en que mandarías a la mierda a muchos. Primero contrólate y luego apóyate, y al final verás que tu mundo se vuelve a poner en su sitio, y vuelta a empezar.

Sobrepasando las dos décadas. Hay muy pocas cosas en las que verdaderamente creo, entre ellas: el poder de la libertad de la escritura y la música.
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