Conóceme

Te pido que, si me pierdes, me respetes.

Debes saber, tú que me lees buscándome, que me han hecho falta mil días para darme cuenta de que tenía un reflejo, una sombra, un algo que se queda por donde paso, un aroma. No levanto la vista a no ser que sea consciente de que me encontraré con ojos amigos, de los que sanan, de los que nunca hieren; y eso no es malo, es como soy. La que ha llegado a ti, la de hoy, la que va silbando cuando el tiempo se queda lluvioso, no estuvo siempre en el mundo. Hablo mucho con quien me habla más porque, aunque la voz es un tesoro que reluce compartido, como a todo ser humano, también me han vetado la palabra. Así que sí, tengo miedo de lo dicho, de lo que se quedará en el mundo.

Ten presente que procuro ocupar poco espacio, pero que me encanta invadirlo si tengo la certeza de que sólo me pueden echar pidiéndome que me quede. Y es que, nadie busca que le hieran cuando procura acariciar otras almas o amar vidas que no le son propias. No me acerco si temo que el otro se aleje, y eso sólo me ocurre cuando me puede romper la ausencia. Sé que tengo miedo de estirarme y encontrarme sola, pero también debes saberlo tú.

Por fortuna, la vida nos enseña que no podemos hacerlo todo solos. Antes o después, comprendemos que, incluso cuando sólo queremos vaciarnos, necesitamos un hombro en el que llorar, porque el nuestro no puede cobijarnos de toda esa pena. Así que, quizás no escuche tus señales de socorro, porque yo también he venido al mundo a repararme, a ser un faro de quien me vea entre la niebla. Grítame si me necesitas, porque yo también tengo miedo de morirme rota.

Te pido que, si me pierdes, me respetes. Me iré lejos, probablemente a dibujar garabatos con mi bolígrafo negron y necesitaré algo de tiempo para sentirme herida, pero es necesario que me lo ofrezcas, porque suelo comprender que la gente se equivoca; y entonces me pesa más lo bueno que lo malo. Mientras te suene vacía, ten por seguro que acabaré regresando, aunque sea para poner un final. Y, por otro lado, te ruego que si me olvidas, me recuerdes. La gente olvida, olvida para poder tener presentes a los nuevos, a los que importan más. Por esto, si nosotros finalmente vamos al fondo del pozo, piensa que al menos habremos sido compañeros de vida. Ojalá que, si vuelvo a ti, me veas sonriendo, porque eso querrá decir que yo también te recuerdo haciéndolo.

Y, de esto, no puedes olvidarte. Si me quieres, porque podrás quererme, debes saber que tendré mil pretextos que justifiquen que solamente me aprecias, que soy alguien más, que viajamos por separado. He querido y he perdido. ¿Tú te fiarías si existen la mitad de probabilidades de que la cuerda se rompa? La vida es incertidumbre, pero hay personas que necesitan que les marquen los puntos para poder unir el dibujo, los hay que necesitan cincuenta y una probabilidades de que la cuerda no se desvanece al tocarla. Tengo miedo de no ser ella, así que, si me quieres, dímelo.

Vivo con mis inseguridades, igual que tú y todas las personas que conoces y quieres. Pero yo no sólo las arrastro a medida que envejezco, sino que intento que no sean más grandes que mis fortalezas. Es más, cuando las miro, comprendo que me hacen de la pasta que soy, y me siento infinitamente agradecida porque hayan hecho de mí la persona de hoy. Aun así, te hablo de ellas, porque quiero que sepas que, aun cuando parece que soy un ser humano que va y viene sin rumbo, lo que en realidad hago es mediar entre mis fantasmas.

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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