Cuando las cosas son fáciles son

Cuanto más inalcanzable me parecía más me empeñaba en conseguirlo.

Nunca he estado acostumbrada a que las cosas salieran bien. Mi pésimo gusto para elegir conquistas y la atracción por los asuntos amatorios demasiado complicados no ayudaban. Cuanto más inalcanzable me parecía, más me empeñaba en conseguirlo.

Te tenía justo enfrente con una canción de fondo y no me daba cuenta de que eras tú. Tú con tu risa, tu forma de tocarte el pelo y tus ojos verdes color oliva. Casualmente siempre ha sido ese mi fruto verde preferido, era una señal.

Hace años me dijeron que cuando empiezas a conocer a alguien y las cosas son fáciles, es porque son. Y precisamente has sido tú y no el resto el que ha convertido mi caos en un orden apacible.

Y cuando alguien da salida a tú complejo laberinto y te hace ver que hay otra puerta, más fácil, más sincera, tan evidente que resulta extraño, es porque cuando las cosas son fáciles, son. Y es que a veces nos obcecamos en hacer la vida más complicada.

Nunca me habían hecho sentir lo que era ser tan especial para alguien, he llegado incluso a pensar que era demasiado difícil quererme y resulta que para tí ha sido tan sencillo. Porque tú conviertes lo difícil en fácil y una vez más compruebo que cuando las cosas son fáciles, son.

Ante eso no prometo quererte toda la vida, ni un año, ni un mes, prometo quererte hoy y hacer que la vida parezca menos complicada.

Porque al fin y al cabo cuando las cosas son fáciles, son.

[Colaboración: Mercedes González]

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