Eterna

Aún te quedan muchas cosas y creo que van a ser las mejores.

Vive un poco más, al menos hasta que encontremos razones nuevas, personas que nos levanten los pies del suelo, lugares que nos absorban los sentidos y nos obliguen a no sentir tanto tu ausencia.

Te ruego que, mínimo, te quedes tres mil quince noches paseando de tu cama al baúl y del baúl a la ventana, observando el segundero a través de tus arrugas. Reconozco que, cuando estoy rendida, maldigo en voz baja el sonido de tu respirador, porque obsesiona hasta el punto de velar el sueño. Pero cuando me despierto y escucho tus pasos lentos, bendigo ese artilugio que te mantiene aquí.

Se me han quedado marcadas a fuego las mañanas en las que te peleabas con mis pequeños calcetines (siempre te dejabas un dedo fuera, que lo sepas), el cuento del zorro que se caía del cielo mientras buscaba las papas mágicas y los mimos que me hacías para conseguir callarme antes de dormir. En esto último, no has tenido mucha suerte: sigo durmiéndome con una palabra en la boca.

Aún te quedan muchas cosas y creo que van a ser las mejores. Porque en nada tiraré mi birrete al aire y seré una mujer con derecho a pelear por el cambio, desde esa carrera que no acabas de entender muy bien. Porque, en poco tiempo, te diré que los viernes salgo a las tres de trabajar y que, si quieres, puedo llevarte a tu iglesia preferida. Porque quizás en unos años podré decirte que le tienes delante a él, al hombre que siempre deseaste para tu nieta.

Te necesitamos gritando por la planta de arriba, diciéndonos a todos cómo debemos hacer las cosas, no para que salgan bien, sino para que sólo puedan ser perfectas, cocinando los platos que sabes que nos vuelven locos. Te necesitamos pensando en tu cosecha de guisantes cuando caiga granizo del cielo, repasando constantemente las virtudes de tus hijos.

Vive un poco más, abuela. Vive para que nos demos cuenta de que ni lo más dañino de todo, la guerra que arranca el alma, puede contra el amor.

Vive para decirnos cada Navidad que ojalá te quede un año más.

Vive para seguir preguntándome que qué es esa poesía que escribo.

Vive.

Vive para que yo pueda añadir infinitos motivos más a todos los que no he escrito, a los que me guardo sólo para mí, y para ti.

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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