Farmacología del corazón

Siempre creí que la expresión "romper el corazón" era una metáfora. Hasta que me lo rompiste. Seguía latiendo, pero dolía.

Siempre creí que la expresión "romper el corazón" era una metáfora. Hasta que me lo rompiste. Seguía latiendo, pero dolía. Me dolía tanto que, con tal de no sentirlo, deseaba que parase de latir. Desesperada intenté buscar una cura para ese dolor sobre el que tantos poemas se han escrito.

Abrí el cajón de las medicinas y leí todos los prospectos, sin encontrar ningún medicamento indicado para el desamor. En un arranque de pragmatismo, me preparé un gin-tonic, cogí uno de mis libros de Bukowski -esos que tú tanto odiabas- y puse de fondo uno de los pocos vinilos que no era un regalo tuyo. Conforme el vaso se iba mediando, y las manchas de tinta perdían nitidez, el dolor parecía remitir. Sin embargo, a la mañana siguiente seguía ahí de nuevo. Y esta vez con tanta fuerza que la jaqueca parecían cosquillas a su lado.

Creí que los besos me aliviarían, y por eso los regalé a quien los quisiera -como si se trataran de muestras de fiambre en un supermercado- y dejé también que me los regalaran. Ningunos brazos lograron recomponer lo que tu habías roto. Fueron tantos los que lo intentaron que perdí la cuenta y empecé a creer que mi corazón era como el arco de Ulises, imposible de tensar por otro que no fuera su dueño.

Farmacología del corazón | The Idealist

Aburrida terminé por aceptar el dolor, llevándolo a cuestas día y noche, considerándolo un compañero más que una carga. Pasaron los meses, y, acostumbrada a vivir con un corazón roto, cesé en mi empeño por aliviarlo. Una tarde, camino de un lugar irrelevante, nos encontramos por casualidad en medio de la calle. Mantuvimos la típica conversación de cortesía que suelen tener quienes después de haberse querido con locura, se odian. Cuando nos dimos la espalda me eché, instintivamente, una mano al pecho intentando aliviar un dolor que, para mi sorpresa, ya no existía. El tiempo lo había curado.

Ahora, en mi cajón de las medicinas, entre el Ibuprofeno y el Gelocatil, hay una cajita y en su interior un reloj de arena y un prospecto, "Tiempo: indicado para el dolor de corazón roto, tómese con paciencia y en dosis variables según cada individuo".

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