Finita

No quedará nada. Absolutamente nada, salvo todo lo que se queda.

Tengo miedo de morirme y, lo tengo, porque no tengo razones para hacerlo. No me siento enferma, ni tampoco estoy herida; respiro igual que lo hacía ayer, igual de bien o igual de mal. Por eso tengo miedo: porque nada parece decirme que vaya a ser este día el último.

Me han contado que la vida da reveses y, ¿quién sabe qué es eso? ¿Un giro? Yo me aferro a pensar que todos giramos dentro de este mundo. ¿Un cambio? Incluso el cielo muta de hora en hora. Creo que es parecido a un “chas”: algo que se acciona sin vuelta, casi irreal. Porque podría ocurrir ahora mismo, podría soltarse tu pieza y desligarte del engranaje. Hoy estás y quizás mañana no, o peor, hoy están y quizás mañana no. Ni siquiera sé si yo estoy ahora. Voy y vengo y vuelvo a marcharme, y ni pienso, ni me paro a cuestionarme la vida que me pasa.

Me lloran que las cosas suceden sin motivo. Es que, en realidad, ¿algo lo tiene? Sé que mis acciones tienen consecuencias pero, cuando me esfuerzo en predecirlas, resultan ser completamente opuestas a las que había imaginado. Me susurran que esto son dos días y pienso en lo relativo que es el tiempo, y en que esa relatividad la marcan las personas con las que lo pasamos.

Me preguntan si existirá el cielo. Y yo no sé más que lo que veo ahí arriba, que es algo muy azul, puro y cristalino; muy como lo pintaba cuando era niña, lo cual solo puede significar que su parecido con la realidad es escaso. Al tiempo, nos consuelan diciéndonos que allí estaremos mejor. Pero, creo que donde estoy bien es aquí. Cuando llegan de nuevo las golondrinas y van floreciendo los cerezos, o cuando cojo aire para sumergirme en una tormenta, o cuando lloro de felicidad, o cuando quiero con todo mi ser y medio del de otro.

En realidad, creo que tener miedo a morir es lo más sincero de la vida, porque eso es lo que nos mueve a no quedarnos con lo malo que nos ha sido concedido. No sé si me voy a morir mañana y, probablemente, se me quedarían muchas cosas en el tintero y más de una persona con una explicación pendiente, pero si sé que estoy viva ahora.

Sé que este breve instante es el perfecto para hacer lo que tengo en mente, porque quizás durante el próximo exhale para siempre. Y, entonces, no habrá ni más miedos, ni más sueños, ni más “¿te quiero?”, ni más hambre, ni más guerra.

Entonces no quedará nada. Absolutamente nada, salvo todo lo que se queda.

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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