Hipócrita

Simplemente no te amo. Y no, no espero que lo entiendas.

No pretendo amarte, en mi alma no es lo que deseo.

Dicen por ahí que un clavo no saca a otro clavo, algo que aprendí a las malas, pues, quererte se me ha dificultado más de lo que creí.

¿Especial?, sí, y mucho. ¿Simpática?, quién soy yo para decir lo contrario. ¿Tierna?, hasta morir. ¿Aceptada?, por todos y cada uno de mis allegados. Entonces, dirás, ¿cuál es el problema? Pues simplemente que no te amo. Y no, no espero que lo entiendas.

Somos diferentes en todo el sentido de la palabra y con una letra mayúscula al inicio. Esa zozobra de saber que te tengo pero no te quiero me frustra todos los días, pues sin conocer la realidad de mi sentir y del tuyo he de enloquecer.

Acepto que me he  equivocado, y tal vez mucho. Te he tentado, te he ilusionado, pero no es lo que mi corazón desea para mi y para ti, por supuesto. Probablemente sea el momento de aceptar que no te quiero tanto como tú lo haces. Te aprecio, pues eres espectacular, pero no en mis brazos e igualmente he de admitir mis razones, pues, a pesar de todo seríamos una pareja perfecta.

Pensando en ello, sólo hallo una explicación, un poco vaga pero muy cierta. Aún la amo a ella. No nos correspondimos y eso me afectó profundamente, pues a pesar de que hoy día pueda decir que no la amo como antes, siempre tendré su huella en mi corazón, guardada esperando que no se apodere de él nuevamente.

Tú no eres culpable de nada, quiero que te quede claro, pero si te hice parte de un juego que no quise jugar solo, creado a partir de ese sentimiento de dolor y soledad, de necesidad de tener a alguien cerca de mí.

Me disculpo. Me disculpo desde lo más profundo de mi alma, pues he sido un gran hipócrita, y yo más que nadie sé que con un arma tan potente como el amor no se juega, pero lo hice, y he de asumir las consecuencias.

Finalmente, a pesar de que lo evite constantemente, ahora puedo decir que espero halles alguien a tu altura, pues yo supe caer muy bajo. Espero que ese alguien te quiera tanto como yo no pude, y que tú tengas esa reciprocidad hacia él.

Sólo me queda decir adiós. Lamento haber causado tanto daño, pues el amor lesiona inimaginablemente y a pesar de haberlo vivido, no lo supe ver.

[Colaboración: Juan Pablo Cantor]

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