Hoja de reclamación

Por culpa de esas pelis tan bonitas, y a la vez tan ficticias, el golpe duele más.

Me siento absurda cuando acabo de ver una de esas pelis ñoñas tan típicas que, intentando ser original de alguna forma, cambian un simple cliché por salir en pantalla. Y aún así, yo, una consumidora más, me lo trago. ¿Por qué? Ni la más remota idea.

Basándome en teorías, conociéndome, no sé si es porque me gusta torturarme, para luego rayarme con el tema del amor, o solo es el simple hecho de que me gusta de verdad, que disfruto con la temática amorosa: chico conoce a chica todo estupendo, parte mala y todo maravilloso otra vez y acaban viviendo felices comiendo perdices. Y si me paro más detenidamente a pensar, las tías más pasotas son la viva imagen de las princesas Disney.

Evidentemente torturarme sería penoso y patético, total, que sí: me gustan, soy una cursi empedernida que quiere expulsar sus sentimientos a viva voz y por alguna razón este mundo no me deja. ¿Cohibición, prohibición, miedo? Joder no lo sé, cuesta abrirse ya que una vez abierta, transparente, es cuando más vulnerable estás, más fácil de romper eres. Y cuando ese momento sucede, porque sucede, caes. Caes a un vacío inmenso dónde todo lo que en tu creías se va a la mismísima mierda.

Por culpa de estas pelis tan bonitas, y a la vez tan ficticias, el golpe duele más. Esta frase de una de esas películas es un claro ejemplo de lo que digo: “No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí puedes elegir quién te lo hace”. Una vez recibido el golpe vas con más prudencia, desconfiando, pero eso amiga mía, es una pérdida de tiempo, puedes evitarlo al principio pero, en cuanto sobre pasan tus barreras, imposible luchar contra ello.

Por esa razón lo mejor es asumir riesgos. De los errores, de los golpes, del dolor en sí, aprendes, te haces más maduro; creces.

Y, algún día, la vida te dará una bonita sorpresa.

Sobrepasando las dos décadas. Hay muy pocas cosas en las que verdaderamente creo, entre ellas: el poder de la libertad de la escritura y la música.
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