Imaginando felicidad en los días de lluvia

La lluvia me produce nostalgia, con su cielo gris, y sus árboles empapados y húmedos.

La lluvia me produce nostalgia, con su cielo gris, y sus árboles empapados y húmedos. Cuando la veo caer desde la ventana me produce sensaciones dispares. La lluvia me traslada a un lugar lejano, dónde los recuerdos no me aprisionan y el amor fluye libre sin prisa y sin pausa. La lluvia con sus deditos tamborileando contra el cristal, me susurra “ven huye conmigo”. Y entonces pienso que me gustaría sentirla contra mi piel, y quizás de este modo escapar de todo aquello que me inquieta y me hace sentir que la felicidad es una ilusión, un espejismo de aquellos que se dicen soñadores.

Los días de lluvia son para sentarse en el sofá con una manta, un libro y un café caliente. Y leer y leer, hasta bien entrada la noche. Me imagino que tengo una chimenea donde chisporrotea un fuego. Y afuera, llueve, llueve con furia y fuerza. Y yo estoy dentro de mi salón con mi libro, mi manta, mi café y mi chimenea. Y entonces la escucho llorar, a ella, a la lluvia. Y no siento pena, porque cuando ella llora yo también lloro.

lluvia

Redactora en The Idealist, me gustan los cafés bien cargados, devorar los libros y aspirar el olor de sus páginas, las margaritas, los helados de chocolate y el olor a vainilla. Soy amante del Social Media, de la escritura y del buen humor.
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