Juego de tronos

Ojalá un día quieras saber de mí y no te conformes con lo que te cuenten.

Era un juego de niños, con una mínima edad recomendada que yo acaba de cumplir, pero ni de lejos tenía. Era un juego de estrategia, pero no sabía ni cómo ordenar mis pensamientos. Eras tú contra mi, y tú conmigo, y no supe decirte cuáles eran mis normas. Yo creía en la magia y se me olvidaron los trucos, los efectos especiales, eran realidades y, cómo no iba a ser así, si yo podía volar.

Ahora pido deseos a cada diente de león, en todas las velas de cumpleaños que no sean las mías, tiro monedas en fuentes cualesquiera...  Para que ojalá abras un cajón y encuentres nuestra foto. Ojalá caminando te cruces con alguien que lleve mi perfume. Ojalá sintonices la radio y no pueda ser de otra manera. Ojalá un día quieras saber de mí y no te conformes con lo que te cuenten. Ojalá podamos poner una caña y una copa de vino entre nosotros y después nuestros miedos, sueños y pasiones. Ojalá me sepas perdonar y pueda saberme perdonada. Ojalá un día me sonrías y podamos despedirnos.

Sé que no sé disimular, sé que sabes que si te veo te miro, que si te oigo te escucho, que no soy indiferente, aunque quiera. Sé que he cargado sobre tus hombros culpas que no eran tuyas, dolores que no eran tuyos, delirios que eran míos. Sé que ni me supe explicar, que lo intenté sin contar contigo.

Ojalá el viento te susurré mi nombre, y me des la oportunidad de quitarme esta carga que llevo por no haber estado a tu altura, y no haber sabido jugar, no haber sabido perder.

Cuando me pusiste en jaque no supe rendirme, y pensé que un peón podía ganar la partida, pensé que cuando comías una ficha era yo quien contaba veinte, y que un órdago de un farol era la mejor estrategia.

Y qué iba a saber yo, que juego sin normas, que perdí los ases que tenía en la manga y que no sé más que hacer trampas al destino y ganar al mentiroso. Y qué iba a saber yo, si mis escondites eran todos los lugares donde íbamos juntos, y siempre me pillabas; si no sabía ser poli, ni caco, si no quería tirar los dados. Si lo único que sabía hacer era apagar las luces para jugar a las tinieblas, y me acabé perdiendo en ellas. Paró la música, y no supe dónde sentarme.

[Colaboración: María Eugenia]

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