La gente tóxica no sirve para nada

De ti, solo he recibido odio.

Estoy hecho mierda. Es uno de esos días en los que el sol sonríe a todos menos a mí. En el que vivo en un lunes infinito que me atrapa entre sus manos y aprieta fuerte mientras sonríe con una de esas sonrisas cínicas que tanto daño hacen. El aire se me escapa, y siento que la atmósfera pesa cada vez más. Andar se hace una cuesta interminable en una calle desprovista de bancos para descansar y con un final incierto.

Valoro todas las sensaciones del fin de semana y no entiendo nada. ¿En qué momento, pase de ser el amigo que nunca te tendría, a ser el malo de la película?,¿Cuándo dejé de ser el bueno?. Me gustaría decir que me lo merezco para al menos poder justificar este dolor que atenaza mi corazón.

Pero sabes que no es así. Esto se nos ha ido de las manos y sé que no tiene solución. Nunca te he juzgado, pero tú te lo permites. Incluso tu amiga que tiene engalado a su marido en un cuento de fidelidad imposible se permite hacer un juicio de valor sobre mi.

Un amigo es algo más que un par de whatsapps cuando otro tío te ha hecho daño. Una relación de amistad se basa en dar sin pensar en recibir. Pero de ti, solo he recibido odio, dolor y un virus que ha convertido a tus amigos en mis enemigos, y no por mi parte.

Eres tóxica, y es triste que ya no me dé pena, que ya no me importe si te hacen daño o no; pero más triste es que deba pasar del tema, porque al final, la gente tóxica no sirve para nada.

No he podido evitar empatizar con la persona que me contó la situación descrita anteriormente. Todos en nuestra vida, independientemente del género que seamos, hemos vivido una situación parecida. Parece estar en nuestros genes comportarnos a veces de un modo tan extraño.

Estamos en una sociedad en la que radica el egoísmo principalmente, en el que las personas solo piensan en sí mismas. Es cierto que tenemos una vida solo, y que tenemos que vivirla como mejor podamos, sin dejarnos nada. Pero no creo que viviendo de ese modo creamos que estamos aprovechándola de verdad.

Compartir experiencias, significados, situaciones, emociones, es vivir. Empatizar con el prójimo, sea un desconocido o un amigo, es disfrutar de la vida. Ese es el mensaje que deberíamos tener intrínseco en nuestra cabeza. Esa idea, aunque pequeña, es de una profundidad absoluta y muy difícil de llevar a la práctica.

Lo fácil siempre será evitar lo complejo, no analizar las situaciones. Si un problema llega a mí, lo despacho rápido pasando del tema. Ésto no tendría inconveniente si solo se quedará en eso, en pasar de los problemas que no llevan a ningún lado. El problema es que la mente humana extrapola las actitudes siempre a otras esferas de la vida.

Si tú eres un pasota cuando un obstáculo se te cruza en el camino, volverás a actuar de este modo cuando haya un conflicto en una relación, sea de amistad o amor. Y esto es malo. Las relaciones interpersonales no se deben dejar a la ligera. Está bien que no nos tomemos la vida con intensidad, que no añadamos drama, pero irse al otro extremo tampoco es lo correcto.

Si todos fuéramos más sensatos y pacientes con las relaciones, los problemas serían mínimos porque sabríamos analizar si es uno mismo el que crea el problema o son ambas personas. Evitaríamos caer en el prejuicio inútil y arduo que conlleva pensar que la otra persona es la culpable de todo, y de ahí empezar a hacer juicios de cordura sin sentido, como si todas las personas nunca cometiésemos errores en circunstancias de presión.

Debéis saberlo, todos tenemos algo de locura, y eso es bueno. Porque la locura libera la mente, y ésta necesita descansar de vez en cuando de la realidad cotidiana. Entender esto es necesario para saber convivir mejor, para aceptar situaciones de un modo más coherente y no dar carpetazo y fuera. Es curioso como gente que escucha a grupos de música con letras pegadizas intentando mandar un mensaje positivo con lemas como “alejaros de la gente tóxica”, luego resultan ser los más tóxicos.

No digo que este interrelacionado o sea una verdad absoluta, pero sí, que antes de hablar o actuar, uno debería mirarse su propia joroba. Porque todos tenemos una, y solo cuando uno mismo se conoce y sabe sus defectos y sus virtudes, consigue actuar de un modo eficiente ante situaciones difíciles de gestionar.

Y eso, a largo plazo, conlleva reducir a la gente tóxica. Siempre preferiré escuchar canciones con mensajes que hablen más de sanar, que de alejar a personas.

[Colaboración: Vic Mcklein]

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