Libremente mía

Soy de las que hablan cuando ya es tarde e incluso el tiempo ya ha olvidado.

Porque soy de las que callan en los momentos en que cada palabra es crucial y se las guardan bien adentro, por miedo, por temor a perder aquello que me das, aunque al final lo acabe perdiendo por no decírtelo.

Porque soy de las que hablan cuando ya es tarde e incluso el tiempo ya ha olvidado. Soy de las que durante meses dan una y mil vueltas en la cama, pensando en cómo de diferente seria el día al despertarme si hubiera vaciado todo lo que llevaba dentro de mí en aquel momento, si hubiera compartido hasta el más ínfimo detalle que escondía recelosamente en mi interior y que solo era para ti.

Pero como todo en la vida, el tiempo ha ido borrando línea a línea aquel minuto de silencio tan bullicioso en mi cabeza y cuidadosamente, la brisa que ahora acaricia suavemente mi cara se ha ido llevando palabra por palabra, frase por frase, todo lo que un día debí decirte y nunca fui capaz.

Cuando sepas esto, te daré toda la razón si me llamas cobarde, pero hasta entonces me proclamaré precavida.  

Porque también soy de las que aprenden y, si llega el día en que otro instante de silencio está por venir, la mudez no me pertenecerá, sino que será toda tuya. Esta vez seré yo quien hable, quien libere poco a poco el clamor de mi mente y entonces, independientemente de tus acciones, una parte de mi estará libre del peso que causaba aquella sentencia que nunca te fue dictada.

Seré libre porque no tendrán derecho a llamarme cobarde, libre porque la cama en la que dormiré será para eso, no para dar vueltas en ella mientras tú me acompañas en esencia y finalmente libre, porque toda mi mente será eso, libremente mía.

[Colaboración: Maribel C.A.]

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