Llamadme torpe

Por convencerme de cosas que no sé y por disuadirme de otras que sí.

Llamadme torpe. Torpe por olvidar llegar a tiempo cuando realmente mi deseo vagaba en otra habitación.

Torpe, por no intentar encajar en esa sociedad conformista guiada por sus costumbres milenaria, que cada vez más se disfraza de feminismo fingido, modernismo caducado, avances tecnológicos, educación bilingüe, que por desgracia ni es educación, ni es bilingüe.

Torpe, por seguir indignándome cada vez que hay cambios inestables en la educación, cada vez que se recorta en investigación y cada vez que los políticos se pasan la culpa unos a otros.

Torpe, por negarme a juzgar a la gente criticada por la mayoría. Pues no he tenido sus experiencias, no he podido ponerme en su lugar, no tengo derecho a quitarles la libertad de “sufrir” su vida a su manera.

Torpe, por a veces ni querer comprender ciertas cosas y otras dejarme la vida por buscar la esencia de las pequeñas y auténticas.

Torpe, por querer leerme más libros del tiempo que tengo.

Torpe, porque me gusta tener ciertas rutinas y aun cuando están rotas, sucias y lo suficientemente viejas como para ser tiradas a la basura, arrastrarme tras ellas, como si de un niño agarrado de la falda de su madre cuando esta no le quiere llevar consigo se tratase.

Torpe, por convencerme de cosas que no sé y por disuadirme de otras que sí. Esa lucha interior, en la que el subconsciente grita y la razón hace caer una niebla de lógica haciéndolo enmudecer.

Torpe, cuando ni yo sé lo que quiero, ni lo que pienso, y no me avergüenzo de decirlo. Prefiero aceptar mi ignorancia ante una sabiduría basada en los libros del colegio.

Torpe, por creer que la gente sí cambia, y algún día habrá más de estos que decidan en vez de quejarse, levantarse y trabajar para conseguir sus objetivos.

Torpe, por enfadarme pero después arrepentirme y pedir perdón. Hoy en día viviendo en una sociedad con libertad de expresión por favor, ni se os ocurra pedir perdón, esto ya es está anticuado, quizás hasta piensen que estáis enfermos si lo hacéis.

Torpe, por pensar que una sonrisa al entrar en la tienda, quizás le haga el día más agradable a esta mujer que trabaja allí por mantener a sus hijos.

Torpe, por escribir esto, creyendo que quizás alguien lo lea.

[Colaboración: Tereza Brave]

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