Llorar en la ducha

Todos los que no quieren llorar deberían llorar en la ducha.

Llorar en la ducha es una de las acciones más honestas que podemos experimentar los seres humanos. Llorar sin control mientras el agua cae sobre ti sin descanso. No importa lo que ocurra fuera, tus lagrimas no te permiten pensar más que en salir, salir corriendo y mezclarse con el agua que te limpia y purifica.

Llorar en la ducha no es malo. Llorar nunca es malo, por mucho que nos empeñemos en que sí, pero llorar en la ducha… llorar en la ducha te provoca libertad y desesperación al mismo tiempo. Es como el alcohol, sabes que no es la mejor bebida para tu cuerpo y aún así cada fin de semana le dedicas más horas de las que deberías. Llorar en la ducha es lo mismo. Sabes que te alivia, sabes que te reconforta pero aún así te llena de vacío y soledad. Lloras sola, de la forma más humilde que existe para nosotros, sin ropa, tal y como eres, bajo el agua caliente, o fría, sobre tus músculos, sintiendo como se contraen ante cada chorro ya avisado.

Puede que llorar en la ducha no sea ni bueno ni malo. Llorar en la ducha solo es otra forma más de decirte a ti mismo que estás triste, que algo te duele y no existe medicamento para curarlo. Llorar en la ducha es un recordatorio de que algunos de tus días serán buenos y otros no tanto. Llorar en la ducha hace que seas más humano, lloras y lloras hasta que decides que no quieres más agua. Cuando todo se para, tus lagrimas ya están en el desagüe y ya no lloras más.

Llorar en la ducha te desahoga, todos los que no quieren llorar deberían llorar en la ducha.

Llorar en la ducha te ayuda a que al día siguiente puedas sonreír un poco más que ayer.

[Colaboración: Rosana Abella]

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