Mi primer amor fue a los 21

Me enamoré perdida y profundamente de ti.

Te conocí desde antes y sin prestarte demasiada atención. Te fuiste apareciendo en diferentes situaciones de mi vida por casualidad o causalidad, no lo sé. Eras de aquellas personas que conoces y quisieras que de inmediato fueran parte de tu día a día. Tenías esa perspicacia y ganas enormes de incomodar a la gente, de hacerla pensar, con tan sólo una pregunta acompañado de un silencio y miradas fijas en el rostro.

Tras varias noches frías llenas de alcohol, adrenalina, tabaco y bailes sensuales; me decidí a vivirte, a tomarte por completo y dejarme llevar al compás de tus labios y dedos deslizándose sobre mi cuerpo, tal y como las gotas de lluvia, que sin importar que tan mojado estés, lo disfrutas.

Fueron tantas paredes y rincones cómplices, que perdí la cuenta de cuantas veces te viví, cuantas veces nos mezclamos, cuantas veces grité amor.

Me enamoré perdida y profundamente de ti, de tu manera de peinar, de la curvatura de tus labios al reír por alguno de mis chistes malos, de cómo frunces el ceño al estar concentrado, de la forma de tu cuerpo, de cómo tus manos encajaban perfecto en mis pechos y hasta de tus tenis viejos favoritos.

Amaba pasar tiempo acariciándote la frente y ver como tus ojos se iban cerrando lentamente, era excitante verte pasear en ropa interior y que me cacharas observándote de arriba abajo. Nunca te lo dije pero mi gesto favorito era tu wink face que me mandabas a escondidas de los demás, ese que significaba riesgo, ese que significaba complicidad.

Te amé como un adolescente ama a su banda favorita, te amé como aquellos que aman las puestas de sol, e incluso te amé más que a mi propia alma.

Te amaba, en verdad te amaba muchísimo.

Llegó la primavera y a su paso iba dejando calma, suspiros y muchos recuerdos que ahora brotan en mi mente sin parar; tus ganas, tu voz cálida, tu pasión, tus revoltijos y ese estilo al caminar. Fuiste tú quién me enseñó lo bueno que es pasar tiempo en cama, quién me mostró mis ahora lugares favoritos y quién sin duda alguna me hizo amar las duchas nocturnas.

Fuiste mi primer amor, te conocí a los 19, me enamoré a los 21 y te recuerdo a mis 23.

[Colaboración: Silvia Campos]

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