Nos vemos pronto

Tengo miedo de lo que viene.

Hace días que no me encuentro, que me veo en guerra sin motivo, que me siento a punto de explotar, pero sin nada que lanzar al aire. Quiero pensar que yo no quiero ser esta, que sigo siendo esa persona que necesita ver lo bueno para sobrevivir, esa que se inspira con los colores, que crea y no destruye; que ha venido aquí a ser feliz.

Realmente, estoy enfadada porque tengo miedo de lo que viene, porque me aterra la certeza de que, ahora o ahora, tengo que romper con demasiadas cosas, calles, y personas. Me marcho de la que ha sido mi casa, y me asusta no saber dónde buscar de nuevo la alegría, añorar la lluvia o no encontrar librerías que huelan a viejo. No soy quien soy porque huelo a despedidas, y es un perfume demasiado amargo.

Dejo principios en bares donde jamás entra la luz, donde la música despierta los sueños para que alumbren. En un post-it que se quedó escrito en mi espejo de buena mañana, y en todos los helados que mataron con azúcar las penas. Me fui pegando en todas mis páginas y libros, y también en la música que tarareaba en la cocina, y en las bufandas que me envolvieron; y en ese aire que traía un cierto olor a mar.

He aprendido que nadie sabe despedirse bien cuando hay cariño a raudales de por medio, y a mí me cuesta un cuarto de alma empezar a guardar estos últimos años, todos y cada uno de los días en los que conocí a algunas de las personas que más quiero hoy. Será que en eso se resume un poco todo, en el amor del que me niego a olvidarme. Es como si una pequeña yo se quedase atrás, con un sinfín de retales de recuerdos entre las manos, gritando muy fuerte que alguien debería ponerle puertas al tiempo, para que pudiésemos dejar de esforzarnos en no echar tanto de menos.

Quizás todo haya tenido que ser allí y entonces, quizás ya nunca vuelva a haber la oportunidad, o quizás la vida, que es al final la gran oportunidad, no nos vuelva a encontrar en el camino. Y, pensando eso, entre el montón de parches y tiritas que últimamente me pongo cuando las ausencias me queman, encuentro el que dice que algún día, lejano o no, volveremos.

Será ese el motivo de que últimamente me despida siempre con un “te veo pronto”, el creer en la posibilidad de que regresemos, aunque no sea al punto de origen; el pensar en toda esta vida que tenemos para poder ser de nuevo juntos.

El sostener que, por suerte, de nosotros depende que el amor dure.

Y perdure.

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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