Nosotros, los eternos viajeros

Porque las mejores historias son las que se cuentan al llegar a casa.

Viajar con la mente, con el arte, a la montaña, a la ciudad, escaparnos, huir, perdernos, encontrarnos, reencontrarnos.

Todo esto resume algo que todos hemos hecho, sin darnos cuenta muchas veces de que lo que hacíamos era, precisamente, viajar.

Porque a lo largo de la vida existen varios tipos de viajes. Empiezan cuando siendo unos bebés, en un pronto intento de ser libres e independientes, nos lanzamos a gatear, porque, seamos sinceros, todos nacemos con ese espíritu aventurero y expedicionario.

Y es que desde pequeños sentimos esa necesidad de movernos, porque el mundo en toda su dimensión a veces parece que se nos queda pequeño, ya no digamos una casa, o una habitación.

Y entonces crecemos y decidimos qué viaje nos apetece hacer. Quizás sea simplemente que nos apetezca vagar por nuestra ciudad, quizás visitar a un familiar al que hace mucho tiempo que no vemos o, quizás, necesitemos huir. Porque cuando las cosas cambian, cuando ves que tu mundo se desmorona, que no aguantas más, pensarás en huir. Y aunque huir no siempre es la solución a nuestros problemas, ¿por qué no?, ¿quién te dice que fuera no encontrarás la solución?, o que conocerás a alguien que, casualmente, cambiará el curso de las cosas. Porque las mejores historias son las que se cuentan al llegar a casa. Las que cuentas al teléfono mientras miras una foto, o la que cuentas en la mesa a la hora de la cena. Y es que en cada viaje, nuestra vida puede cambiar.

 ¿Y qué sería del viaje sin la emoción previa del mismo? Se dice que a veces lo mejor del viaje es planearlo e imaginarlo, porque la misma idea de viajar, más si es a un lugar al que te gustaría ir, o con la gente que te gustaría, puede dejarte noches sin dormir.

No podemos olvidar tampoco a aquellos que viajan, emigran, aquellos valientes que lo dejan todo, quizás con gusto, quizás por obligación, pero se marchan. Y es que si eres uno de ellos, puede ser que llegues solo, cargado y no encuentres piso. Que la angustia te envuelva, que la soledad te ahogue, que te entre el miedo, puede incluso que se te rompa el ordenador la misma semana en la que llegues a tu nuevo destino. Pero lo habrás hecho. Y eso es lo que importa. Porque como ya he dicho, algún día, entre risas, tendrás alguien a quién contárselo, y te sentirás orgulloso, y valiente, porque al fin y al cabo, eres un viajero. Un expedicionario.

Y si quieres viajar a algún lugar, y no puedes, es que el momento no ha llegado. Pero mientras, ¿por qué no imaginarlo? Como segunda opción, los libros también son buenos pasaportes a grandes aventuras.

Los viajes están en todos lados. Eres libre y si alguna vez el mundo se nos queda grande, habrá que hacerlo pequeño. Y algún día necesitarás perderte para encontrarte.

Y entonces, serás tú el gran viajero. Serás tú quien cuente sus grandes historias a la hora de la cena.

[Colaboración: Celeste Bena de Rette]

 

Utilizamos cookies para personalizar su experiencia. Si sigue navegando estará aceptando su uso. Más información.