Ojos

Hay ojos que no saben mirar.

Hay ojos que no saben mirar. Hay ojos increíblemente vacíos, que no son capaces de ofrecer nada, que están totalmente desiertos, terriblemente secos, angustiosamente deshabitados. Hay ojos que no son anfitriones, que no te ofrecen asilo ni te invitan a mecerte en ellos. Hay ojos que sólo anuncian dejadez.

Hay ojos egoístas que no te persiguen ni te dan cobijo, pero que tampoco se atreven a abandonarte. Hay ojos que sólo se miran a sí mismos, por muy difícil que parezca. Hay ojos caprichosos y ojos totalmente indiferentes, ojos que no dicen nada, y ojos que no te dejan respirar. Hay ojos antojadizos, cambiantes, débiles, pasajeros. Que no se mojan. Que no palpitan. Que no sienten. Que son de mentira. Que jamás brillan (ni hacen brillar).

Pero también existen esos ojos que te miran y consiguen que te guste que te miren, que te obligan a descansar en ellos, que te mecen sin tregua. Hay ojos que pueden alterar tus sentidos, agitar tus entrañas, devolverte a la vida. Hay ojos cargados de fuerza, de valentía, de alma. Porque no todo es “poner ojitos”. Es que te (los) pongan. Es que te guste que te (los) pongan. Porque hay ojos que lo dicen todo. Lo bueno y lo malo. Hay ojos que abrasan. Y entonces lo de menos es el color, porque lo que importa es el reflejo. Es que te guste mirarte en ellos. Es que se abandonen en ti. Que sepan reírse y contagiar su alegría. Que sean sinceros. Que sean nobles. Que sean auténticos.

Que digan, simplemente, mírame. Que digan me gustas. Que digan repetimos. Que digan quédate en ellos para siempre o hasta mañana, pero quédate.

Ojos | The Idealist

Soy periodista y trabajo como editora de contenidos para web. Me gustaría ser constante, un poco más alta y menos sensible, pero sobre todo me gustaría ser escritora.
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