Para ti, que no me lees

Esto es para ti, que no me lees. Pero también es para mí, que hace tiempo que no me escribo.

No sé dónde estarás ni si estarás pensando en cómo tardé más de diez segundos en apartar la mirada cuando te marchaste y no te diste la vuelta. Probablemente porque no sepas cuánto dura un corazón en salir a la calle sin abrigo cuando refresca y no te encuentra. Quizás seas feliz, te emborraches a menudo y beses a otra que sepa comprenderte mejor que yo. Quizás le rías las gracias, le hagas el amor varias veces a la semana y, al dormir a su lado, no pienses en las ganas que tenía de matarte y de abrazarte a la vez. Quizás yo tuve la culpa de luchar demasiado, quizás eres de los que prefieren el amor descafeinado.

Porque no sé dónde estaré dentro de un mes ni si estaré pensando en cómo tardaste más de diez días en buscarme la primera vez que me marché y no te diste cuenta. Probablemente porque no sé cuánto dura una mujer cosiendo una herida para no dejar la puerta abierta. Quizás haya llorado, te haya llamado ebria a menudo y haya dicho ‘no’ más de una vez a otros chicos. O quizás te haya olvidado, esté sola pero feliz y, al despertar sin ti, no piense en las ganas que tenías de hacerme el amor y dejarme a la vez. Quizás tú tuviste la culpa de ser de los que van y vienen, quizás soy de las que prefieren que las quieran bien.

Esto es para ti, que no me lees. Para ti, que tienes la cabeza en otra parte y la mano llena de excusas escritas a bolígrafo, por si algún día me ves. Pero también es para mí, que hace tiempo que no me escribo. Para mí, que tengo el alma a los pies y la boca seca de murmurar vocablos enfermos que decirte si algún día nos vemos.

Quizás en un par de abriles hayas olvidado cómo se pronunciaba mi nombre al oído en una cama cálida en pleno mes de diciembre, o cómo te gustaba y te irritaba a la vez que me preocupase si no me escribías diciendo que habías llegado bien a casa, o cómo esperaba impaciente a que me acompañases a la parada del autobús para estar un poquito más a tu lado, aunque nunca lo hacías. Quizás en un par de abriles haya aprendido cómo cerrar la puerta que conecta tu habitación y la mía sin pillarme los dedos, o cómo me gusta que otro chico mire a cualquier mujer pero al final del día me diga que soy yo a quien quiere al otro lado de la almohada, o cómo aunque cuando me eches de menos al fin y me escribas, no voy a responderte.

Esto es para ti, que no me lees.

Para ti, que hoy es la última vez que te escribo.

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