Pequeños pedacitos de mí

Hay días en los que el negro es el color que desprende tu alma.

Hay días duros. Y con duros no me refiero a pasajeros. Me refiero a la fuerza que ejerce el mundo contra ti, el enorme peso que llevas a en tu espalda al tan solo imaginar que puedes fallar, que puedes fallarte. Al dolor que implica ver que todo el mundo lo consigue y tú no, al increíble miedo que te produce el no conseguirlo. Hay días en los que tú sola no puedes levantarte aunque lo intentes, aunque utilices todos tus recursos. Simplemente no puedes. Hay días en los que el negro es el color que desprende tu alma, la tristeza que, si te fijas bien, aparece en el fondo de tu mirada; en los pensamientos negativos que recorren tu mente para intentar hundirte aún más.

¿Quieres saber cuáles son las buenas noticias? Esos días son solo eso. Días. Horas. Minutos. Momentos. Y pasan, duren más o duren menos, pasan.

En esos momentos necesitamos a nuestra familia, ya sea la de sangre o la que nosotros elegimos. Necesitamos que nos levanten porque el peso de nuestra armadura no nos deja hacerlo. Necesitamos que saquen a la luz todo aquello que nuestra mente no deja que veamos. Necesitamos que nos cojan de los hombros, nos zarandeen y nos abran, no solo los ojos, sino la mente. Necesitamos que nos saquen una sonrisa o una lágrima de alegría, de felicidad. Necesitamos a las personas que nos recogen aunque nos convirtamos en polvo y nos esparzamos por cualquier río dejando que la corriente nos lleve. Necesitamos a esas personas que harán cualquier cosa solo por ayudarnos, porque vuelvas a ser tú misma.
 
Y sé que quizás esas personas no sean muchas, pero no me importa. Y el por qué es muy sencillo de adivinar: siempre que las necesito están ahí. Y no se rinden. Nunca. Por eso les doy las gracias. Gracias por convertiros en todos esos pedacitos que son parte de mí.
 
[Colaboración: Vanessa Beneitez]
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