Queridos abuelos

Hablo con orgullo de vosotros, de vuestras luchas e historias.

Queridos abuelos,

Ya soy mayor, ya me he hecho grande. Quiero escribir esta carta con toda la pasión que el corazón me permita sin desmayarme, con la delicadeza que a veces olvido utilizar y la verdad que siempre me inculcasteis. Se me llenan los labios de gracias, y siento si parece que me repita, no es en absoluto mi intención.

Gracias por vuestras batallas, por las historias de hambre, por los cuentos de guerra y posguerra que acabaron felices. Porque gracias a vosotros sé que un caldo de patatas da de comer a una familia unida y que robar un puñado de alcachofas en vuestros tiempos, no es delito si en tu casa falta el pan.

Tengo guardados en los rincones más ocultos, esa moneda que a vosotros os dio algún mayor en vuestra infancia. Están a salvo los botones de esa caja de costura, un reloj que ya no funciona y las cartas que os escribíais a miles de kilómetros.

Erais magia en casa. Cuando tú, abuelo, me escondías el billete de mil pesetas en el bolsillo del pantalón para que mi madre no se enfadara. Esa cabalgata, con el frío en los huesos, recogiendo caramelos como si fueran habas. Y la mañana de reyes, fingir como actores expertos la visita de sus majestades, ¡qué emoción abuelos!

Crecí, y entonces empecé a tener ideas de adolescente, pero vosotros siempre me respetabais. Con vosotros aprendí que las recompensas hay que ganárselas, y que el dinero no cae de los árboles. Vuestras manos mostraban vuestra historia, que bellos lienzos para una vida. 

Compartir era una ley en casa, todo lo vuestro era mío, y si algún día me negasteis algo, seguro fue con la mejor de las intenciones. Erais padres, abuelos, compañeros, amigos, maestros, niñeros y confidentes.

El día que faltasteis dejé de creer en muchas cosas, no entendía el funcionamiento lógico de este mundo, no era justo que os marchaseis. Me lamenté de no haber pasado más tiempo con vosotros y quise ser piloto de avioneta para subir al cielo a buscaros.

Hablo con orgullo de vosotros, de vuestras luchas e historias. Me emociono cuando explico que mi yaya cruzó todo un océano por amor, cuando cuento que mi abuelo llegó caminando desde Jaén a Barcelona para alimentar a la familia que ahora es mía.

Dicen muchos, que si el amor a un hijo es fuerte, el amor a los nietos no tiene cálculo posible. Será entonces que vosotros nos preparáis para el futuro, porque si el amor a tus padres es fuerte, el amor a los abuelos tampoco podrá jamás calcularse.

Gracias abuelos, por crear aquella vida que dio lugar a la mía.

Psicologa, Social Media, blogger e intensita de profesión. Mi primer amor fue Lorca y pequeña quería ser piloto de avioneta. Coleccionista de setlist y amantes. Celebro una boda en cada primavera peros siempre estoy soltera. Mi sueño, Groenlandia y la Costa Brava. Stalker de nacimiento, eso ya lo sabes.
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