Retirada

Dicen que una retirada a tiempo es una victoria.

Sé que no he sido prudente, que seguramente la batalla terminó hace tiempo y yo me quedé coleccionando una derrota tras otra pensando que rendirse es de cobardes. Ahora sé que decir “no puedo más” en realidad es de valientes y que es estúpido soportar todo aquello que tu cuerpo te pide que no soportes. He aguantado tantas veces una de cal y otra de arena que no sabría decir qué se supone que es “lo bueno” y qué “lo malo”.

Lo único que aprendí a diferenciar fue “lo malo” de “lo peor” y a caminar con cierta cautela. Continué dando pasitos muy cortos y temblorosos, con el corazón abierto y las ganas casi intactas, insistiendo, como hago cada vez que algo me interesa, a pesar de tener que animarme a mí misma a hacerlo. He imaginado mil veces la réplica, he leído entre líneas, he sido tozuda hasta rozar lo absurdo y jamás he pedido nada a cambio. Dime si eso no es conformarse. Dime si no me he rebajado. Dime si no me he vendido.

Pero esta ya no es mi guerra: me retiro. No quiero luchar contra viento y marea por algo que debería estar muy alejado del campo de batalla.  A veces es más una cuestión de voluntad que de perseverancia, pero en cualquier caso ambas pueden agotarse. La falta de entusiasmo al final se contagia, así que aquí lo dejo: abandono.

Puede que el amargo sabor de la derrota me acompañe durante un tiempo y sin embargo sé que durante un tiempo mereció la pena y que volveré a dejarme la piel, pero será ya en otra cruzada.

Soy periodista y trabajo como editora de contenidos para web. Me gustaría ser constante, un poco más alta y menos sensible, pero sobre todo me gustaría ser escritora.
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