Ríe, ama, vive

Y si me caigo, ya veré si me levanto o si disfruto de las vistas desde abajo.

Ríe. Hasta que llores, hasta que te duela el estómago, hasta que llegue ese momento en el que paras de reír para recuperar el aliento y el mundo se detiene un segundo, en el que te das cuenta de que estas viviendo algo maravilloso.

Baila. Hasta que te duelan los pies, te sobre la chaqueta y se te seque la boca. Canta. Aunque te inventes la letra, pierdas el ritmo y desafines.

Ama. Como si fuera la primera vez, como si durara para siempre, como si no fueran a hacerte daño.

También llora. Hasta que se te sequen los ojos, te entre la calma y la razón de tu llanto se haya deslizando por tus mejillas hasta convertirse en el impulso para dar el primer paso hacia lo desconocido.

Lánzate. Hasta que consigas lo que buscas o hasta que te equivoques. Y entonces, corre. Corre hasta que no puedas más, hasta que te ardan los pulmones, hasta que te des cuenta de que equivocarse es aprender.

Y aprende. Aprende que los errores son las piedras que construyen tu camino, que te construyen a ti. Aprende que la perfección no existe más allá de los ojos del que mira. Aprende que siempre queda algo que aprender, un sitio al que viajar y alguien a quien conocer.

Pero qué te voy a decir yo, que me he enamorado de lugares y mi hogar son personas, que me he recreado en caminos que han resultado ser más interesantes que mis metas y que vivo en la cuerda floja de no pensar más allá de un futuro inmediato.

Y si me caigo, ya veré si me levanto o si disfruto de las vistas desde abajo. Si me tomo un respiro o uso el poco aliento que me quede para tomar impulso. Si aprovecho para bailar, reír, cantar, llorar, amar y aprender una vez más.

[Colaboración: Sara Navarrete]

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