Se te ha perdido la cartera

No te das cuenta cuando las cosas empiezan, y cuando acaban no te quieres dar cuenta.

Hacía tiempo que los sueños se le tornaban pesadillas, era como una continua sensación de caer mientras estás dormido y sin embargo aún dormido no conseguía descansar. Llevaban juntos un tiempo, pero desde hace meses ya no les salían las palabras, ni los besos, ni las ganas... Los siempre se habían convertido en rutina. Hasta hace dos semanas parecía que su casa era la misma, comían, dormían y trabajaban juntos o al menos eso era lo ellos creían. Igual era la convivencia lo que les había vuelto más maniáticos, más irascibles, igual les había despertado el mal humor de por las mañanas, así que ella decidió marcharse. Él pensó que sería lo mejor, volvería a llamarla cada mañana para darle los buenos días y ella medio dormida le mandaría a la mierda por despertarla y colgaría el teléfono. Él esperaría 5 minutos y ella volvería a llamar.

Se te ha perdido la cartera | The Idealist

Ese día, llamarla le costó algo más y quizás a ella también le costo bastante, porque no cogió el teléfono. Ni llamo a los 5 minutos. Ni a los 10. No volvió a llamar hasta tres días después. Llamó a mediodía. Justo a esa maldita hora, a la que no quieres que te llame nadie. A mediodía, que ni es pronto, ni es tarde. Lo curioso es que llamó para no decir nada, y él lo entendió todo: Se había acabado.

Las cosas, las relaciones, y el amor terminan, hay cosas que se acaban un día cualquiera y sin venir a cuento, sin haberlo apuntado en la agenda. Y puede que el amor también. Puede que un día se te acabe el amor y te niegues a aceptarlo y alargues el momento de decírselo, de decírtelo. A ti. Que eres tan mala persona que has dejado de querer sin que te den motivos para dejar de hacerlo. Y por eso lo pospones, intentando recuperar lo que sentías, intentando desenterrar aquellos sentimientos que has enterrado sin querer, que se te han caído según caminabas. Como cuando pierdes la cartera, y vas al día siguiente, corriendo, a objetos perdidos, esperando a que alguien este allí, guardándotela y te la devuelva. Pero por más que excavas, ya no hay nada. Has dejado de esperar esa llamada y cuando te llaman ya no quieres contestar. No te das cuenta cuando las cosas empiezan, y cuando acaban no te quieres dar cuenta.

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Quiero ser publicista. No me importa ir a ciegas y con los cordones desatados. No es que me guste el tacto del suelo, pero creo que caerse no está tan mal, si cuando logras levantarte lo haces para llegar a lo más alto. Solo escondo mis rizos y sueño con viajar a Nueva York.
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