Ser mujer no es fácil

No soy una princesa, ni soy de porcelana, ni necesito un camino de rosas allá por donde piso.

No entiendo por qué por el simple hecho de ser mujer tengo que aguantar comentarios groseros mientras camino por la calle.

Tampoco entiendo el hecho de que me llamen loca por no querer hijos. Cada vez que este tema de conversación sale en alguna reunión, afirmo y defiendo que prefiero tener tres perros a tres hijos. Bueno, pues falta tiempo para recomendarme algún psicólogo o incluso me afirman que ya se me pasará la tontería. ¿Tontería? ¿Por qué?

"¿Tienes novio?", "¿No? ¿Y a qué esperas?", "¿Te vas a casar?". Que levante la mano la mujer que no ha escuchado esas preguntas jamás. ¿Por qué nadie me pregunta que quiero ser en la vida? Nadie me pregunta cuáles son mis metas, mis objetivos, por qué me muevo y en qué creo. Cuáles son mis virtudes como mujer y cuáles mis defectos.

Me gusta pasarme los domingos en pijama, me gusta comerme una buena hamburguesa y mancharme de ketchup. Soy torpe, me tropiezo con la primera piedra que veo. Testaruda, cabezona y a veces insoportable. No me callo una. No uso tacones, unas Converse son mi mejor complemento.

No soy perfecta, pero tampoco imperfecta como mujer.

Y sobre todo, lo que tengo claro es que no soy una princesa, ni soy de porcelana, ni necesito un camino de rosas allá por donde piso.

[Colaboración: Particia Pineda]

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