Serás, seré

Lo que quiero que entiendas es que pensaba en ti.

Te juro que no tengo nada que decir, nada desde que las cosas han cambiado tanto, nada desde que la vida nos dio, a mí al menos, otras lentes para ver el crepúsculo. Te juro que, tiempo después de las tardes que malgasté pensando en ti, entre té y té, aquello que siempre quería contar se ha evaporado. Y ahora no lo encuentro, por más que busque.

Quería contarte que estuve, que estuve ahí. No me entiendas mal, he crecido lo suficiente como para comprender que la realidad no es una película de dos: cada uno tiene la suya. Así que no vivía por y para ti, algo que creo que nadie debería hacer jamás, pero sí portaba mi trocito de mundo por las mismas calles que paseabas tú el tuyo; y no voy a mentirte, imaginé más de una vez en qué pasaría si te encontrase comprando en la tienda de la esquina.

Lo que quiero que entiendas es que pensaba en ti, y creo que esa era una de las cosas que siempre intentaba contar. Francamente, cuando alguien nos atrae, nuestros amigos deberían abandonarnos a nuestra suerte, porque la variedad de conversaciones que tenemos a partir de ese instante, se ve reducida considerablemente. De cualquier modo, buscaba siempre una pequeña forma de que entre mis letras encontrases un trocito de un tú que se había quedado en mí, porque aunque no lo creas, vas pegando recuerdos en los abrigos de la gente.

No digo que fuese a funcionar, que fuésemos a ser felices más de lo que tarda en salir la luna desde la noche anterior. No te digo nada de eso, porque nunca tuve la certeza necesaria para poder asegurártelo ahora. Sí creo, por el contrario, que compartíamos más de una cosa de las importantes, de las que nos hacen realmente ser. Y te hablo de valores, de sueños y de pasiones, de gustos y maneras de bailar. Y quizás fuera eso lo que lo hizo todo más difícil de lo que esperaba: la misma mala sensación que se le queda a uno cuando junta los ingredientes tal y como pide la receta, y luego el bizcocho no sube. El casi todo; el estar al borde y no poder volar.

Muchas cosas, un número suficiente como para tener que contarlas con los dedos, más de demasiadas, quedaron reducidas a un “no sé”. Será eso, finalmente, lo que ha faltado: las explicaciones, el para bien o para mal, lo que se debería haber dicho a riesgo de cualquier riesgo.

Podría dejarte un último rastro de mí, un último “de nosotros depende”, pero ya no tendría sentido hacerlo. Y aquí, entre las últimas letras que junto para ti, encuentro aquello que tanto tenía que decir: que entre tú y yo, ya no quedan motivos.

Por mucho que vaya a pesarme siempre. 

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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