Si me hubiera quedado

Si me hubiera quedado, probablemente no estuviera gastando la poca juventud que me queda en personas y direcciones que no me llenan, me vacían hasta mortificar.

Hoy hace un lustro que caminé de tu mano, atravesamos media ciudad juntos, empalagándonos con cada paso de pobreza, desigualdad social y nubes grises, porque nuestros ojos no alcanzaban a ver nada más. Tú y yo en mitad del caos.

Hoy hace un lustro que concordaron nuestros pasos y bailaban tan sincronizados que nuestras sombras y más oscuras aflicciones, agacharon la cabeza al no sentirse por vez primera solas.

Aquél imprudente y vacilante nos cedió el paso, lo recuerdo porque temerosa tomé tu mano, quizá para saber con mejor certeza quién eras. Y entonces no comprendí que mientras tomaba tu mano, tomaba también tus deseos, tus virtudes, tus miedos y penumbras para no soltarlas jamás.

Bajo nuestras ropas oscuras el sol derretía y aplastaba nuestros jóvenes cuerpos. Tu piel blanca se tornó más rojiza, y tus mejillas cuál manzanas se encendieron anunciándome un "Te había estado esperando".

Ni tú, ni los hilos castaños y alborotados que por cabellos llevabas supieron abrazarme el alma, y hoy, hoy que se cumple un año de que te ví por última vez. Esa trágica noche de Noviembre, he de confesarte que me atormenta la misma pregunta que me despierta todas las mañanas: ¿Y si me hubiera quedado?.

Si ese día te hubiese permitido pasar, te hubiese ofrecido un poco de agua, una charla, una vida, nuestra vida. Decidí que entraran conmigo miedos, más dudas, decisiones tomadas por instinto, por hartazgo.

Si me hubiera quedado, probablemente no estuviera gastando la poca juventud que me queda en personas y direcciones que no me llenan, me vacían hasta mortificar; porque probablemente, muy probablemente, estaría ahora expuesta en tu cama, aprendiendo una buena teoría, entendiendo la vida, tratando de comprender desde lejos por qué se fuerza al destino con desmesurada inquietud otorgar lo que no nos toca vivir.

Y me dirías lo que piensas, y yo a ti, y nos acariciaríamos los rostros al dejarnos sin palabras.

Pero sólo estoy arrojada en la duda en una vieja habitación húmeda, decorada con recortes de recuerdos, de silencios fríosy apagados.

Tú estarás con ella, que sí conoce de ti, que sí conoce lo que nunca podría escuchar de alguien más. ella, tal vez más paciente, más cautelosa si de emociones se trata, menos harta.

Yo no puedo hacer más que revivirte de mis pensamientos, con el reloj como un verdugo y distractor retumbándome los oídos, observando como los años me han hecho añicos,

reclamándote lo lejos y separada de mi que estás.

[Colaboración: Angélica Millán]

Utilizamos cookies para personalizar su experiencia. Si sigue navegando estará aceptando su uso. Más información.