Te lo diría todo, pero mejor te digo lo siento

No puedo culparme por lo que soy.

Por todo lo que soy y que no quiero cambiar pero se que es difícil de llevar. Por compartir mis cargas, aunque nadie te obligue a hacerlo. Porque sabes quererte, sabes que no me necesitas, pero aun así, me prefieres. Porque aparecí como un giro brutal, mortal, conociendo el poder destructivo del amor y anhelando su poder regenerativo.

Pidiendo a gritos una vida de susurros.
Susurrando que la vida se vive a gritos.

Mostrando mi alma desnuda, para evitar complicaciones. No es nada especial, solo es un juego al que nunca supe jugar. Perdóname si mi espacio te parece excesivo, pero me asfixio en sitios cerrados. Perdóname si no me gustan las flores, pero no estoy invitada a ningún funeral. Perdóname si no me gustan los bombones, pero soy más de pizza y sofá, aunque no olvides el champange.

Perdóname por mis despistes, por mis calcetines desiguales, o por no saberme peinar. Perdóname por no saber cuando parar de reír. Perdóname por ser tan real.

Soy todo lo que te puedo dar.

Perdóname, por saltar cuando debo frenar y no saber cuando volver a arrancar.

Pero, sobretodo, perdóname.
No puedo culparme por lo que soy.

Psicología del caos. Cada partícula de mi ser queda expuesta al misterio infinito de la existencia. La vida o la vives o te vive.
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