Tu página en blanco

A ti, que has estado cuando yo no te veía y, a veces, incluso cuando no te deseaba ver.

Cuando te observo en realidad veo una página de papel en blanco y, sin quererlo, me entra ese pánico que sólo entiende quien sabe lo que es escribir a diario y, un día, de repente, creer que ha olvidado cómo se hace.

Contigo me pasó desde el principio de los principios. Parecías alguien lejano, diferente y totalmente opuesto a mí.

Reías y hablabas con facilidad, te movías con soltura alrededor de todo aquel con quien te parabas a charlar, tu sonrisa era especial, ni muy amplia ni muy pequeña, simple, especial y discreta, como todo aquello que salía de tu boca.

Sabías actuar. Es más, eres un actor maravilloso.

Con el tiempo he podido apreciar que tus actuaciones son brillantes y, a la vez, para ti son sencillas y racionales. Haces lo que debes. Hablas con todo el mundo pero cada persona es un cuadro pintado por un autor de un tiempo distinto, tú maniobras la conversación y esta pasa del blanco al negro en un instante acariciando el resto de la paleta con sutileza, logrando que cada situación se defina como una maravillosa pintura de la que podría escribir mil y un versos.

Sabes hacer que la gente sonría y se interese por ti, pero tú, como un mago hábil y dichoso, sabes mover el centro de atención a tu antojo, permaneciendo siempre bajo un velo de misterio que pocos logramos entender.

Tú, callado y racional, te vuelves loco contando mil anécdotas para luego sumergirte en un silencio profundo y distante que a veces me ahoga.

Tú, tranquilo y optimista, me sacas de mi ahogo con un beso lleno de calma, sin darte cuenta que, a veces, es esa misma calma la que me ahoga aún más.

A ti, que te conocí cuando más perdida estaba, cuando más necesitaba una mano amiga que me sacará de mí, para demostrar que no era solo esa figura de humo que se desvaía a la sombra de la multitud.

A ti, que aún hoy nos quedamos en silencio, mirándonos, tú perdiéndote en mí y yo intentando encontrarme en cada escrito que sale de mis dedos, cansados y aturdidos.

A ti, que has estado cuando yo no te veía y, a veces, incluso cuando no te deseaba ver.

A ti, que nunca renunciaste, incluso el día en el que yo quise pasar la página sin haber escrito ni una sola frase.

Hoy esto va por ti, que después de enfrentarme a tú página en blanco que ya ha pasado a ser la nuestra, sólo deseo empezar a escribir sobre ti, sobre mí y sobre la magia que despertamos cuando estamos juntos.

[Colaboración: Núria Dot]

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