Un primer día

Estás aquí porque eres maestra.

Primer día. ¿Cómo se supone que se supera un primer día? Nadie te da un manual antes de llegar a un nuevo lugar para explicarte cómo tienes que actuar, a quién dirigirte o a quién no. Todo el mundo te da consejos sin fundamento que al final probablemente no seguirás. Sólo escuchas a aquellos que crees que tuvieron tu misma experiencia pero aún así es posible que no hagas mucho caso ya que tus nervios te cierran los oídos.

Llegas a tu mesa, estás nerviosa porque no sabes cómo reaccionar. Se supone que estás ahí por todo lo contrario, que te pagan por saber, y por saber qué hacer. Pero tú no estás ahí porque te paguen, estás ahí porque amas lo que vas a hacer, estás ahí por vocación, estás ahí porque te salió una sonrisa la primera vez que un niño te llamó profe cuando apenas eras una joven dando clases particulares.

Estás aquí porque eres maestra. Y no, puede que no sepas cómo reaccionar, puede que no sepas muy bien qué hacer o cómo superar el primer día, pero lo que sí sabes es enseñar. Eso lo tienes claro, y si sabes enseñar a tus alumnos cómo afrontar otros problemas, puedes enseñarte a ti misma cómo superar este. No es lo mismo, es verdad, enseñar a los demás es difícil, pero es más difícil enseñarse a uno mismo.

Sin embargo, cuando tus nuevos 25 alumnos entran por la puerta de clase, te sonríen y alborotan el silencio que reinaba en el aula, todos tus nervios y todas tus inseguridades se disipan. ¿Por qué? Porque eres maestra, porque el aula es tu casa, los alumnos son tu vida y el enseñarles es tu mayor meta cada año. Enseñarles a vivir, a ser mejores personas, a desarrollarse como seres humanos, enseñarles conocimientos pero también educarlos. Educarlos en valores, darles la educación que todo niño merece y que a todo adulto se le olvida.

Y así pasa tu primer día, sin apenas darte cuenta, y esperas con inquietud el día de mañana, donde gracias a tu esfuerzo podrás seguir cumpliendo el objetivo de tu vida: ser maestra.

[Colaboración: Lidia Herranz]

Las palabras son, junto con los gestos y miradas, el mejor vehículo de expresión. Estudiante de Magisterio, escritora en potencia y proyecto de fotógrafa. Escribir es mi manera de decirle al mundo que aquí hay alguien a quien deben escuchar.
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