Y llegó él

Un soplo de aire fresco.

Llegó de imprevisto, llegó sin avisar. Poco a poco fueron llegando unos besos que mi corazón no esperaba.

Su sonrisa fue la primera estocada a una armadura hecha con decepciones rotas. Sus caricias robaron el último aliento que podía quedar de mi ser herido. Perdí tantas batallas y cambie tantas veces de bandera que no sé cuál es mi bando.

Llegaba tan sola a la guerra del amor con la locura del temor en mi cabeza y rodeada de cadáveres de las ilusiones que antaño me hacían soñar, que no pensaba poder salir viva de allí.

Pero lo encontré y me dio la esperanza que no pensé que existía para mí. Lo encontré al otro lado del abismo y salté sin alas. Inevitablemente. Sentí la libertad. Es un soplo de aire fresco.

Me arriesgué para ganar y el premio es la vida misma. Y él...él no tiene ni idea del brillo que ha dejado en mis ojos.

No está todo perdido y sanarán mis heridas, lo sé. Lo he sentido cuando sus manos acariciaban mi piel. Lo he saboreado cuando me he perdido en sus labios. Me ha disparado ilusión.

Puede que no llegue a ningún final feliz de príncipes y princesas y no importa. He sido capaz de volver a compartir parte de mí, cuando pensé que no quedaba nada. No habrá tantos besos en el mundo para agradecérselo.

Y si no son correspondidos, siempre quedarán las sonrisas.

[Colaboración: Marina Martínez]

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