Your halo

Te digo hoy, para que te acuerdes también mañana, que siempre querré quererte.

Guardo letras para ti cada día que bailas por nuestra cocina, cuando lanzas la voz al cielo y vibran las vidrieras del salón escuchando tus versiones de los clásicos de Beyoncé, pero no puedo plasmarlas todas. Creo que la gente se aleja, creo que el tiempo pasa, creo que las vidas cambian y que al amor no todo lo puede. Creo que conocemos almas nuevas que tapan algunas de las viejas, que el cielo brilla diferente reflejado en ojos nuevos y que los paisajes se concibieron para observarlos en compañía. Así como creo en todo esto, porque lo he sentido, creo también en esa amistad que perdura tantos años como presente está la razón de quienes la sustentan.

De este modo, creyendo como creo en lo que nosotras somos,
jamás te escribiré una carta de despedida.

Te escribo para que nunca vayas a anteponer la razón al corazón, porque tú me has enseñado que el amor no tiene sentido si no se comparte, o si se racionaliza la cantidad del mismo que se concede. Eres tan auténtica cuando abrazas y lloras, que el mundo se quedaría seco de paz (de esa que llevas en tu nombre) si cambiases en algo tu forma de sentir, y la humanidad ya no puede permitirse esa clase de lujos. La gente de la tierra necesita tu sonrisa franca; jamás la entierres, por muy duro que venga el futuro.

Te escribo para recordarte que tienes más mocos de mañana que de tarde, que no te gusta la leche sola caliente y que no cierras la puerta con llave por las noches. Pero, en el fondo, lo que quiero decirte es que, ahora que he aprendido a conocerte, me va a ser difícil tener que recordarte, no poder tenerte presente. Son los pequeños matices del día a día los que hacen que la vida sea algo que merece la pena y, contigo, cada atardecer se quedan cien historias únicas sobrevolando nuestro tejado, encendiendo y apagando las farolas de esperanza de esta ciudad.

Te escribo para que… para que no me dejes morirme de miedo cuando no estés, para que no me permitas aterrorizarme cuando tenga que meter cuatro maletas en un avión que quede en el lado opuesto a ti. Yo voy a recordarte lo que siempre te digo, que “somos leonas”, y no quiero que vayas a llorar si me ves despegar. No te prometo que, si la que se alza cien mil pies en el aire eres tú, vaya a quedarme entera abajo, pero te juro que buscaré una sonrisa donde sea para desearte la mitad de mi suerte.

Te llevas contigo una parte de mí, igual que yo también seré a partir de ahora un poco más a ti. Me has dado una vida sin haberme reclamado nada jamás, me has enseñado más cosas de las que alguna vez podré ser consciente, ya que todas ellas forman mi yo de ahora, con el que convivo día a día. Eres una amiga que venía con la función de madre, hermana y compañera, y no sabes lo completo que te ha quedado el lote.

Te voy a echar de menos. Tanto como sólo puede extrañarse a quien nos completa, tanto que te recordaré en todo el mar del mundo, por parecerse al de tu casa; tanto que aprenderé de nuevo a extrañar.

No te voy a decir que te querré siempre.
Te digo hoy, para que te acuerdes también mañana, que siempre querré quererte.

Tu amiga, madre, hermana y compañera

Extrovertida, espontánea, precavida y bastante tranquila. Estudiante de Psicología en Santiago de Compostela. De aficiones muy típicas: la lectura, el deporte, la música de Coldplay y la cocina. Bueno, también me encanta el reciclaje. Como veis, probablemente lo que peor se me da en el mundo es hablar de mí en primera persona.
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